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Silvia Fernández Castejón nació un 29 de Diciembre de 1986 en Madrid, y comenzó su educación musical en la Academia Real Musical de Móstoles, continuando en el Colegio Mirabal (donde concluyó el Grado Elemental de violín) y en la Escuela Klavier de Música de Las Rozas, donde comenzó a compaginar sus estudios de violín con los de piano. Posteriormente, finalizó el primer ciclo de Grado Medio en el Conservatorio Profesional de Música de Majadahonda con el profesor Víctor Ambroa, además de recibir clases extraordinarias de músicos de la talla de Xavier Cedrón, violinista de Luar na lubre. Forma dúos con los pianistas Ramón Castejón García y Aida López Sánchez, con los que ha tocado en actos como bodas y aperturas de galerías de arte, ha colaborado con la orquesta de la Escuela de Música y Danza de Villanueva de la Cañada y es miembro de la orquesta de la Diócesis de Getafe, dirigida por Javier Ávila. Estudiante de Ingeniería Química en la Universidad Complutense de Madrid, ha continuado su formación como pianista y violinista a través de clases particulares.
Silvia se subió al escenario por vez primera hace unos 13 años, con un violín de un tamaño que cabría en su mano y que apenas sonaba. En sus propias palabras, han sido “muchos años sobre los escenarios para descubrir con Zamburiel lo que realmente se puede disfrutar sobre ellos”. Entre sus preferencias musicales encontramos un poco de todo, desde Yanni a Yann Tiersen pasando por Ernesto Lecuona, Luar Na Lubre, The Corrs o James Blunt, y entre sus álbumes favoritos citaría Subject to change de Vanessa Mae o Home, de The Corrs. Estos mismos intérpretes son a su vez en los que dice inspirarse a la hora de intervenir en Zamburiel, aunque más allá de la música también ama la fotografía y el dibujo y asegura que su mayor aspiración en la vida es que se cumpla el Protocolo de Kyoto y exista un verdadero desarrollo sostenible en el mundo.
Además de en dos orquestas y dos grupos de cámara, ha tocado en bodas y algún que otro bautizo y asegura haber crecido “tocando el violín, sin preguntarme ni siquiera por qué”. Sin embargo, entre las cosas que no ha hecho y haría en la música destaca el jazz, la sinfonía celta o tocar el rabel, así como dar un concierto en el Festival de Ortigueira o en una cueva cualquiera. Esta sufrida estudiante de de Ingeniería Química, cuyo color favorito es el azul y que nunca olvidará películas como Los dioses deben de estar locos o Una mente maravillosa, tiene muy claro con qué tema de Zamburiel se quedaría para cada momento: “Sin respuestas, para cuando no hay esperanza; Clavicordio, para levantar el ánimo; y Flowers of the red hill, para entrar en trance”.
Si pudiera ser otra persona sería ella misma (“me gusta mi nueva vida desde que descubrí Zamburiel”), su amor platónico es Antonio Banderas y la situación que más odia que ocurra es tener que discutir con lo que ella llama su lado oscuro. Lectora empedernida, los libros que más la han marcado son, entre otros, El Dios de la lluvia llora sobre México y El médico, su lugar para vivir es cualquier rincón de la Sierra y entre las rutinas curiosas que dice tener está “ponerme carteles en la habitación para animarme a estudiar en momentos chungos”. En un escenario, por último, lo primero en lo que piensa al salir es en darlo todo, en hacer disfrutar a la gente y en disfrutar ella tocando, asegura que nunca haría ruido en vez de música y su cita favorita la extrajo de El fantasma de Canterville: “el amor es más fuerte que juntas la vida y la muerte”. |
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