DOCE
(Letra y música: Eduardo DeTorre Solano
Doce soldados, sin motivo ni razón,
amotinados, la cabeza alta y bajo el corazón.
No hay margaritas en los campos sin sabor,
riega el otoño, y despierta el fuego de la noche anterior.
Doce escaleras me transportan al dolor,
no hay carreteras sin peaje cuando se trata del amor.
Muebles de entonces crían polvo en el salón,
ciertos pecados no se anulan con la fuerza de la ilusión.
No hay doce espinas que no traigan con el tiempo alguna flor.
No existe paz sin rendición frente al lamento de una voz:
el alma blanca que se funde bajo el sol.
Rutas de viaje a esta ruina de estación,
itinerarios donde no hay lugar para la improvisación.
Doce carriles y una sola dirección,
pasen los años aunque el viento esté parado en la habitación.
No hay doce espinas que no traigan con el tiempo alguna flor,
No existe paz sin rendición frente al lamento de una voz:
el alma blanca que se funde bajo el sol.
No encuentro ninguna razón,
no hay diferencias ni color:
no hay doce espinas que no traigan con el tiempo alguna flor.