ROMANCE DE DELGADINA

(Letra y música: tradicional/Eduardo DeTorre Solano

Arreglos: Zamburiel)

 

Un rey tenía tres hijas, tres hijas como la plata,

la más chica de las tres, Delgadina se llamaba.

Un día, estando comiendo, dijo al rey que la miraba:

- Delgada estoy, padre mío, porque estoy enamorada.

 

- Venid, corred, mis criados, a Delgadina encerradla,

si os pidiese de comer, dadle la carne salada;

si os pidiese de beber, dadle la hiel de retama.

Y la encerraron al punto en una torre muy alta.

 

Delgadina se asomó por una estrecha ventana;

a sus hermanas las vio bordando ricas toallas.

- Hermanas, por compasión, dadme un poquito de agua,

que tengo el corazón seco y a Dios entrego mi alma.

 

- Quítate de ahí, Delgadina, que eres una descastada;

si mi padre el rey te viera la cabeza te cortara.

Delgadina se quitó, muy triste y desconsolada.

 

Cuando se volvió a asomar a aquella estrecha ventana,

a su madre apercibió hilando copos de lana.

- Madre mía, la mi madre, dadme un poquito de agua,

que tengo el corazón seco y a Dios entrego mi alma.

 

- Venid, corred, mis criados, a Delgadina dad agua,

unos en jarros de oro, otros en jarros de plata.

Cuando llegaron a ella la encontraron muy postrada;

la Magdalena a sus pies, cosiéndole la mortaja:

el dedal era de oro, la agujita era de plata,

los ángeles del Señor bajaban ya por su alma,

¡las campanas de la gloria ya por ella repicaban!